Sacrificio

 

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Caía la noche sobre Heigen no Otaku (La llanura de la guerra) en el centro de las tierras León. Bajo la desvanecida sombra de un enorme árbol de cerezo se encontraba una pareja de samuráis, viendo el atardecer, la imagen de la madre Amateratsu ocultarse detrás de las montañas del paso de Beiden se encontraba entre las mejores puestas del sol de todo el Imperio Esmeralda.

El hombr6635_Isawa_Meisuru_2e tenia los rasgos firmes de alguien que se forjo en la batalla, en el rostro mostraba orgulloso las cicatrices ganadas durante la batalla en la que la fuerza unida de Rokugan salvo al Imperio de la garra oscura de Fu Leng. Ella era bastante más modesta y pequeña que él, un bolso de pergaminos a su lado, que ostentaba el mismo mon que ella a su espalda, el poderoso fénix, la identificaba como un shugenya. Observaban el atardecer sin decir palabras, uno al lado del otro, solo sus manos entrelazadas eran el único símbolo de intimidad que había entre ellos, mientras compartían este instante en el tiempo.

El dejo de mirar hacia el horizonte, para mirarla, ella notando la caricia de su mirada se giro para que sus ojos se encontraran, y un sonrisa cómplice apareció en los labios de ambos. Él abrió la boca para decir algo, era preciso que dijera lo que sentía, después de tanto tiempo. Ella levanto la mano que tenia libre y la poso delicadamente sobre los labios de el.

-No es preciso que digas nada Shuke-kun, este momento es perfecto así, compartiendo el silencio bajo el calor de nuestra señora Amateratsu –dijo ella suavemente.

El tímidamente quito la mano que cubría sus labios, casi con vergüenza de los pensamientos que habitaban en su mente, y sin estar seguro de querer dejar de sentir sus suaves manos en su rostro. Pero ella era tan hermosa, con la luz del sol en la cara, con esos dos mechones que siempre la caían en el rostro.

-Quiero pedir tu mano Kasumi-chan, quiero que seas mi esposa, mis padres están de acuerdo.

Ella lo miro como tantas veces antes lo había hecho, y quiso sonreír, ser feliz, pero una tímida lagrima comenzó a caer por su mejilla.

-Yo también quiero –dijo con la voz ahogándose en su interior.

Con él ultimo rayo de luz, que toco el suelo de las tierra León, toda la luz se desvaneció, llevándose el cielo, la tierra, los árboles y las montañas, llevándose la alegría, los sueños y el futuro, la volvió a dejar sola en la misma habitación de siempre, acariciando entre sus manos la pequeña piedra de obsidiana. Escucho los pasos con el tiempo suficiente para ocultar la gema entre su obi y ponerse en posición de sumisión en dirección a la puerta, al abrirse entro el emperador, el mismo que antes era conocido c7173_Emporer_at_Tomb_2omo Hantei XXXIX, pero el impío fulgor verde en sus ojos, lo identificaba como Fu Leng. Entro corriendo la puerta sin tocarla, los poderes de un dios estaban mas allá de toda comprensión. Al verla postrada, el emperador solo sonrió, pero cuando sintió el poder en el aire, hecho a reír como lo había hecho decenas de veces antes de esta.

-Has vuelto a verlo –grito Fu Leng –Eres tan estúpida, como señor del Jigoku he hecho sufrir a miles, terrores inimaginables, pero tú eres única, en todo este tiempo eres la primera que se ha creado su infierno personal, levántate estoy cansado de ver tu sucia espalda –dijo mientras la pateo para obligarla a alzarse.

Con dificultad la pequeña mujer se levanto

-Vivo para servir mi emperador –dijo ella sin aire

-Eres mía Kasumi, deja de albergar esa ilusión de esperanza en tu corazón, tienes mi mancha en tu ser, soy dueño de tu cuerpo y de tu alma. Nadie va a venir por ti, no después de que los traicionaste.

-Hai sama –no se animaba a mirarlo, sus ojos demoníacos le recordaban en lo que ella misma se hab7412___Wasted_Grounds_2ía convertido, no podía, no tan cerca de haber estado con Shuke

-Alístate necesito que mi oráculo oscuro de agua, realice algunos interrogatorios en unos prisioneros que encontró Tsuko, a el se le mueren rápido, tu eres mas sutil, pero recuerda los prisioneros me gustan muertos o a mi servicio

-Escucho y obedezco sama Kasumi camino hacia el portal de la entrada, pasando al lado del emperador y salió de la habitación cuando sintió un dolor agudo en su rostro, su brazo derecho, su estomago, en todos los puntos donde la mancha era visible, cayo al suelo.

-No te olvidas de algo pequeña –dijo Fu Leng acechándose a ella. Kasumi se levanto y del obi retiro una piedra de obsidiana que le entrego al emperador-Si te portas bien, te dejare jugar un rato con mi prisionero, si no, te aseguro que el Akodo deseara el Jigoku

-Emperador, soy su leal sirviente, voy a encargarme de que sus enemigos, los enemigos del señor Fu Leng lo sepan –dijo cuidando sus palabras, aunque la sonrisa perversa fue un acto reflejo, como tantos otros, ya no era ella misma, era una abominación del señor oscuro.

-Vete no tengo todo el día -Ella camino por el pasillo, con la vista clavada en el suelo, una lagrima recorrió su rostro, quemando como el fuego, se la seco con la manga del kimono.

Levanto la vista orgullosa, nadie tenia que verla así, era miembro del consejo elemental del nuevo emperador no podía mostrar debilidad alguna. Era tan difícil vivir así, metió la mano izquierda, la que todavía le pertenecía, dentro de uno de los pliegues internos de su kimono, buscando el símbolo de su fuerza, de lo que alguna vez fue y quiso. Acaricio una pequeña grulla de metal, y se volvió a decir para si misma “todos debemos hacer sacrificios”.8152_Isawas_water_2

Orgullo y Bushido

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Habían pasado más de tres horas desde que llegaron a las puertas del castillo de Iuchiban, el ejército estaba cansado por más de diez años de luchas sin esperanza y todos esperaban unHonorsVeilimga última batalla, para demostrar que eran merecedores del respeto de sus ancestros. Sabían que detrás de esos enormes muros de se encontraba la gloria, el honor. Pero los cientos de centinelas apostados sobre los muros no mostraban intención de salir, detrás de sus mascaras monocromáticas no mostraban emoción alguna. Sin un ejército al que enfrentarse, sin una posibilidad de luchar ni tiempo o armas para asediar el maldito castillo Iuchiban y sus aliados impíos traerían la destrucción a todo.

Los líderes de la resistencia estaban contrariados no había forma de hacerlos salir, si ellos no lo querían, quienes se encontraban detrás de esas murallas no tenían honor al que apelar eran menos que humanos, solo bestias escondidos detrás de la piel de hombres.

Solo un caballo partió hacia las enormes murallas del castillo, si no podía insultar su honor se a
provecharía de su orgullo y de su soberbia, quizás no era la forma más honorable de hacerlo pero había tenido una excelente maestra, a quien si los kamis lo permitían quería volver a ver.

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Las enormes puertas de roca se abrieron para dejarlo pasar, para su sorpresa y pesar todo el castillo estaba preparado para el combate, y los seguidores de Iuchiban se podían contar en miles, fue conducido por una escolta de 10 hombres enmascarados hacia una habitación donde se encontraba el hechicero oscuro, la mujer de cabellos blancos y un hombre negro como la noche sin luna.

-Bienvenido Shinjo Hikaru, acaso el gran general Unicornio viene a entregarme su katana y rendir su ejército –dijo el Hec11535_135561Hechicero sin levantarse de su trono.

-Por el contrario Iuchiban, vengo a pedir tu rendición, si lo haces prometo por mi honor que no matare a todos tus hombres y te ofreceré una salida honorable –respondió el Unicornio

La pareja se rio, mientras ella acaricio el cuerpo del hombre oscuro, que permanecía en silencio observando al samurái

-Pobre Unicornio con aires de grandeza, acaso has olvidado lo que tengo –dijo la mujer sonriéndose- Si no rindes a tu ejercito tu hija morirá de una forma muy lenta, me rogara por el jigoku.

Shinjo tuvo que calmar todos sus pensamientos, pero  incluso sus músculos se tensaron solo necesitaba un instante para atacarla y le arrancaría de su boca las palabras ella no podría lastimar a Hanako nunca más, era difícil contenerse, tod8264_Blackmailing_the_Emerald_Champion_2os su corazón deseaba atacarla matar a la perra, busco en su mente la paz y fue cuando la escucho como hace mucho tiempo que no lo hacía, la voz de Sugei.

-Esposo, puedes resistir el frio pero no contener el invierno, no dejes que tus impulsos te nublen sonríe a tus enemigos y recupera a nuestra hija.

Una  mueca de sonrisa se dibujo en los labios de Hikaru –Si algo le sucede a mi hija ni tu padre podrá salvarte niña, pero no vengo a hablar con segundos, Iuchiban mi ejercito espera por tus hombres supongo que no tendrás miedo de salir a recibirnos

-Hikaru-san no tengo necesidad de pelear mañana al atardecer todo esto abra terminada y yo habré vencido como estaba destinado.

-No puedes vencer hechicero pero no me extraña que la cobardía fuera una de tus mañas me sorprende que tu aliado oscuro fuese tan cobarde como tu –dijo el Shinjo sonriéndole al ser de sombras

-Insignificante humano –escupió el aliado de Iuchiban –crees que temo a algo tan bajo como tú, podría matarte sin esfuerzo si quisiera, solo te salva el que Iuchiban te quiera vivo… de momento

-Un cobarde y otro que se esconde en la cobardía del anterior, grandes guerreros hay escondiéndose detrás de los muros de piedra, le temen a un samurái y a su ejército, solo somos hombres y seguimos de pie después de tanto tiempo.

Iuchiban se levanto con ira con ira preparándose para lanzar un hechizo, cuando el hombre oscuro se para delante.

-El es mío. –dijo secamente.

-Haz lo que quieras cozombien él, pero que sufra –respondió el hechicero.

-Alto –dijo Hikaru – son valientes de repente, con tan solo un frágil humano, si este humano logra herirte me darás mi guerra y no te esconderás mas detrás de las murallas.

-jajajaja –rio Iuchiban- por supuesto samurái si logras tocar a mi aliado te daré tu guerra

-Júralo… con tu sangre –respondió el Unicornio

-Sabes muchas cosas samurái

-Tuve excelentes maestros, hechicero

Iuchiban tomo su wakizashi y se corto el brazo a la altura de la muñeca, dejando caer unas gotas en el suelo y recitando en un antiguo idioma esta se volvió de un negro oscuro.

-Mi sangre, mi esencia, mi poder –termino el conjuro

-El hombre oscuro observo al hechicero –Ya puedo?

-Acabalo.

El ser oscuro se difumino en sombras vivas, en ese estado ningún arma lo podía lastimar, mientras él podía hacer mucho daño, su figura humanoide fue mutando hasta transformarse en un enorme dragón todo conformado por sombras. En un veloz movimiento el dragón voló hasta el lugar donde se encontraba el samurái con ambas garras extendidas como cuchillos para desgarrar todo su cuerpo.

Si bien el dragón era muy rápido sus movimientos eran predecibles para un duelista, alguien acostumbrado a leer los movimientos de una katana podía reconocer con el suficiente tiempo para esquivar cada ataque, pero para atacar debía sacrificar tal defensa.

El dragón de sombras rugía de frustración mientras flotaba por los aires antes, de volver a embestir hacia el cuerpo de Hikaru.

-Esto va a doler –dijo el samurái – liberando a penas su katana con su mano izquierda para poder dar un solo golpe, debía ser muy rápido, más rápido de lo que jamás había sido, en solo un golpe de iaijutsu, para poder tocar a su enemigo, solo necesitaba tocarlo para que el imperio tuviese una oportunidad.

El dragón se abalanzo con furia pero esta vez Hikaru no se corrió si no que rodo hacia adelante liberando su katana para cortar el estomago del dragón, chudapero no fue lo suficientemente rápido la garra izquierda del monstruo alcanzo a rasgar parte del cuerpo del samurái a la izquierda del estomago.

Pero de igual forma el golpe de Hikaru alcanzo al dragón, cortando su estomago, la katana del samurái al entrar en contacto con la carne de sombras comenzó a brillar de un color azul fuerte, y del dragón emano un liquido oscuro como el aceite que lo obligo a volver a una forma humanoide frente al samurái.

El Unicornio adopto una posición de defensa y mirando al hechicero dijo

-Cumple tu palabra

-Vete –grito el hechicero

-El oscuro se interpuso entre la salida y el samurái

-Déjalo ir, ya te enfrentaras a el mas tarde –volvió a hablar Iuchiban

El oscuro se movió, de la entrada

-Nos veremos mañana al amanecer cuando destruya a tu ejercito  samurái

-Cuando quieras –respondo Hikaru

No fue hasta que salió del castillo que se tomo la herida en su estomago, no podía mostrar debilidad alguna, pero anhelaba que los shugenjas pudiesen curarla, porque en ese estado no aguantaría otra pelea.

 

 

A long Long way –Preludio-

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El desierto era inmenso, tan grande y peligroso como una prostituta barata de Nueva Orleans, Cort, sonrió inconscientemente por lo libidinoso de su pensamiento, aunque no era equivocado, no muchas personas se animaban a viajar de noche por el desierto y eran menos las que lo hacían solos y de esos la mayoría no veía el nuevo amanecer, el hermoso amanecer del desierto como el abrazo de una madre que te dice que todo va a estar bien.

Llevaba una semana siguiendo el rastro de los muertos, o de los no muertos, jamás había tenido un buen nombre para ellos, sus amigos Siux los llamaban de una forma, su padre los había llamado a la suya, él prefería no tener tanto contacto como para necesitar encontrarles un hombre.  Había aprendido que no todos los que vuelven de la tumba son malos, estaba en la biblia Jesús dijo levántate y anda entonces Lázaro emergió de las garras de la muerte y no era malo, desgraciadamente en estas tierras muertas Jesús no se encontraba a la mano y si lo estuviese se habría dado cuenta que para convertir a los caídos solo se puede ser a punta de una seis tiros.

Otra vez lo había hecho, antes de dormir, si es que dormía esta noche, tendría que rezar en busca de absolución por sus pensamientos. Con la soledad como única compañera sus pensamientos era lo único que lo mantenía cuerdo y enfocado, tenía una misión un objetivo, desde que Grissom lo eligió como su discípulo en el orfanato era todo lo que tenía, era la mano armada del señor.

Esta no era un misión divina o quizás sí, reconoció los revólveres del Ranger Norris cuando el muerto los uso para defenderse del wendigo, tuvo que elegir prioridades como siempre, elegir y tomar decisiones, el wendigo era el problema, era el motivo por el cual había viajado al norte, un pueblo acosado por un wendigo era demasiado problema para el sheriff local, no es que el fuese un oficial de la ley, aunque trabajo con varios oficiales en distintos momentos, sus caminos estaban mas unidos de los que los oficiales quisieran imaginar, pero la ley de los hombres no le interesaba demasiado, el no estaba para buscar ladrones de ganado o estafadores, su misión era más importante.

El Ranger Norris muerto, era casi tan difícil de matar como Grissom, pero si Grissom esta muerto eso quiere decir, no, haría falta más de dos hombres para matar a Chuck Norris, incluso si estos dos hombres eran salidos de una tumba. Estas pistolas no les correspondían, dejo la correa del caballo un instante para acariciar sus armas, se las había legado su maestro, su mentor su padre, el único que conoció, había escuchado hablar a Norris y a Grissom, tenía una hija, así que las armas le pertenecían a ella y aunque fuera personal esto es algo que él tenía que hacer, se lo debía a Grissom, y a Norris.

Los alcanzo a las afueras de Virginia City, era de noche y habían armado un pequeño fuego para mantener a los caballos calientes, los no muertos no sentían frio o calor. Se acerco haciendo el suficiente ruido como para lo noten llegar.

-Buenas noches caballeros me puedo sumar a su fuego, queda un trecho a la ciudad y es peligroso viajar de noche –Dijo Cort bajándose de su caballo.

Los dos hombres lo miraron de arriba abajo como midiendo cual era su nivel de amenaza y si tenía algo de valor que les diera una excusa para matarlo.

-5 dólares –dijo el hombre que portaba las armas del Ranger y tenía un parche en el ojo izquierdo.

-5 dólares por compartir el fuego, no le parece algo excesivo? –respondió Cort tratando de no reírse

-Págalo o puede arriesgarte a cabalgar en la noche, dicen que por esta zona andan hombres lobo y vampiros –sonrió al decir esto ultimo

Metió la mano en el bolsillo de su abrigo buscando dinero y saco un billete de 10 dólares –mirando a los dos dijo –solo tengo 10, tienen cambio?

-5 dólares por ti y 5 por tu caballo –respondió riéndose esta vez mientras su compañero acompañaba su carcajada

Cort les arrojo el billete hecho un bollo demostrando cierta ofuscación, evitando acercase mucho para que no se notaran sus pistolas. Se acerco a las alforjas de su caballo y saco una petaca de metal  y tomo un trago del contenido.

-Vas a tomar solo dijo el del parche, estamos compartiendo el fuego sería bueno que también compartamos el alcohol.

Arrojo la petaca hacia donde se encontraba el hombre, mientras para su interior realizaba una plegaria, si quería salir vivo de ahí, su plan debía salir perfecto un segundo que se demorada podría ser fatal.

Cuando el mayor de los dos comenzó a beber el contenido de la petaca, vio como el liquido ingresaba por su garganta casi sin pasar por la boca, todo era cuestión de segundos, desenfundo sus armas mientras el otro hombre estaba tan pendiente de cómo tomaba su compañero que no tuvo chance alguna, solo se dio cuenta de la situación cuando la primer bala le impacto en el pecho, seguida de 3 tiros más que lo voltearon completamente, el primero al darse cuenta de la maniobra del recién llegado atino a llevar su mano a la pistola, pero fue en ese instante cuando noto que lo que estaba bebiendo no era alcohol sino, agua bendita.

Con los dos hombres tirados en el suelo los desarmo y con unas estacas los ato al suelo el hombre del parche que se notaba más fuerte que el otro y actualmente se encontraba con menos plomo en su cuerpo fue el primero en recuperar el habla.

-Te matare asqueroso bastardo, no sabes con quien te metes, en cuanto logre liberarme de estas ataduras te destrozare con mis propias uñas –dijo escupiendo sangre

-Estas tratando de convencerme de que te libere no? –respondió Cort sonriendo

-Crees que puedes conmigo, con ese truco barato, no soy como el –dijo mirando a su compañero –yo sé trucos, que pueden liberarme

-Enserio, y que tipo de trucos conoces además de hacerte el muerto, sabes rodar? –volvió a reírse

Haciendo un gesto con sus manos quiso romper sus ataduras, pero lo único que consiguió fue mucho dolor

-Que me has hecho –pregunto volviendo a escupir sangre

-Yo también conozco algunos trucos, pero soy una persona razonable, dime lo que quiero saber y te podrás ir

-Mientes como todos los tuyos siempre mienten

-Te doy mi palabra de honor de que tú te podrás ir si me ayudas, sabes no puedo dejar ir a tu compañero, pero que más te da siempre puedes conseguir otro aliado, que me dices estas dispuesto a responder?

-Jajajajaj que cambia que sea tu palabra de honor, son todos unos mentirosos

-No puedo mentir, sabes es un pecado –dijo Cort mirándolo a los ojos con total sinceridad

-Que quieres saber

-Esas armas que usas, le pertenecían a un Ranger llamado Charles Norris, lo mataste?

-No, las encontré en California, en el desierto, había un montón de cosas, como si los indios hubiesen atacado y se olvidaran el botín

-Había cuerpos?

-Ninguno, pero si había sangre, bastante

-Viste huellas, hacia adonde se dirigían o quienes los atacaron?

-No sé nada, no me fije, solo busque si había algo interesante entre los restos y encontré las armas, son bonitas, verdad?

-Si, gracias por tu ayuda

-Ahora me dejaras ir, cierto, lo prometiste…

-Claro, ten buen viaje –el tono de voz de Cort cambio volviéndose más grave cuando comenzó a recitar –Exorcizamus te, omnis immundus spiritus, omnis satanica potestas, omnis incuriso infernalis adversarii

Los gritos de dolor se hicieron presentes en la garganta del muerto

-Mentiste me dijiste que me dejarías ir

-Jamás miento –respondió Cort ofendido –Tú te vas a ir al lugar donde viniste, el cuerpo que usas se queda acá.

El exorcismo duro hasta casi llegado el amanecer pero pudo sacar a los demonios de los dos cuerpos, a los que quemo para que no vuelvan a ser usurpados. Había logrado lo que quería, las armas regresarían a su dueña original.