Revolución de Mayo lado B

Como saben o deberían saber si fueron al colegio en la Argentina, el 25 de mayo de 1810 se produjo la revolución de mayo y aunque se pueda hablar de todos los motivos que llevaron a ese resultado me parece que se aburrirían de leer así que vamos a poner datos divertidos de esa epoca.

dia-de-la-patria--e1527217523234-611x442Si hay algo aparte del acto escolar que vemos en todas los colegios de nuestro país es la famosa La escena del 25 de mayo de 1810 que s tiene condimentos de sobra para perpetuar el sentimiento patriótico, así como un halo de romanticismo , aunque no haya sido “exactamente así”.
Muchas de las imágenes y situaciones que se cuentan nunca existieron, o se fueron distorsionando con el paso del tiempo.
Por ejemplo:

  • Donde dice se encontraba el pueblo unido en una multitud frente al cabildo abierto debe aclarar que en el petitorio para nombrar una nueva junta solo firmaron 411 personas y lo que se consideraba pueblo solo fueron los vecinos importantes con peso politico osea ricos comerciantes, militares y porsupuesto los sacerdotes.
  • las escarapelas no existían lo que hubo fueron unas cintitas para diferenciar a los que eran del bando pro junta para saber a quien atacar en caso de que se arme quilombo. googleen la legion infernal y se van a sorprender
  • Los paraguas salían un equivalente a lo que hoy sale un Iphone así que no era algo que todo el mundo tenia como se ve en la imagen, digamos que había como mucho 2 o 3.

Los gastos del Cabildo Abierto
En su libro “1810”, Felipe Pigna comparte una curiosa lista registrada en las actas de las deliberaciones del cabildo abierto, respecto a los gastos que tuvo el mismo. En total, se gastaron 521 pesos. Algunos de los productos consumidos fueron:

  • 2 pesos en chocolate
  • 13 libras de bizcocho
  • 6 libras de velas
  • 16 botellas de vino
  • 73 pesos se pagaron al fondero por el “catering” de los días 23 y 25.
  • 12 pesos en fletes y traslados

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[…]…habiendo salido por algunos días al campo, en el mes de mayo, me mandaron llamar mis amigos a Buenos Aires, diciéndome que era llegado el caso de trabajar por la patria para adquirir la libertad e independencia deseada; volé a presentarme y hacer cuanto estuviera a mis alcances: había llegado la noticia de la entrada de los franceses en Andalucía y la disolución de la Junta Central; éste era el caso que se había ofrecido a cooperar a nuestras miras el comandante Saavedra.

Muchas y vivas fueron entonces nuestras diligencias para reunir los ánimos y proceder a quitar a las autoridades, que no sólo habían caducado con los sucesos de Bayona, sino que ahora caducaban, puesto que aun nuestro reconocimiento a la Junta Central [de Sevilla] cesaba con su disolución, reconocimiento el más inicuo y que había empezado con la venida del malvado Goyeneche, enviado por la indecente y ridícula Junta de Sevilla. No es mucho, pues, no hubiese un español que no creyese ser señor de América, y los americanos los miraban entonces con poco menos estupor que los indios en los principios de sus horrorosas carnicerías, tituladas conquistas.

Apareció una junta, de la que yo era vocal, sin saber cómo ni por dónde, en que no tuve poco sentimiento
Se vencieron al fin todas las dificultades, que más presentaba el estado de mis paisanos que otra cosa, y aunque no siguió la cosa por el rumbo que me había propuesto, apareció una junta, de la que yo era vocal, sin saber cómo ni por dónde, en que no tuve poco sentimiento. […]

Una porción de hombres estaban preparados para a la señal de un pañuelo blanco, atacar a los que quisieran violentarnos
No puedo pasar en silencio las lisonjeras esperanzas que me había hecho concebir el pulso con que se manejó nuestra revolución, en que es preciso, hablando verdad, hacer justicia a don Cornelio Saavedra. El congreso celebrado en nuestro estado para discernir nuestra situación, y tomar un partido en aquellas circunstancias, debe servir eternamente de modelo a cuantos se celebren en todo el mundo. Allí presidió el orden; una porción de hombres estaban preparados para a la señal de un pañuelo blanco, atacar a los que quisieran violentarnos; otros muchos vinieron a ofrecérseme, acaso de los más acérrimos contrarios, después, por intereses particulares; pero nada fue preciso, porque todo caminó con la mayor circunspección y decoro. ¡Ah, y qué buenos augurios! Casi se hace increíble nuestro estado actual. Mas si se recuerda el deplorable estado de nuestra educación, veo que todo es una consecuencia precisa de ella, y sólo me consuela el convencimiento en que estoy, de que siendo nuestra revolución obra de Dios, Él es quien la ha de llevar hasta su fin, manifestándonos que toda nuestra gratitud la debemos convertir a S. D. M. y de ningún modo a hombre alguno.

Todas las diferencias de opiniones se concluían amistosamente y quedaba sepultada cualquiera discordia entre todos
Seguía pues, en la junta provisoria, y lleno de complacencia al ver y observar la unión que había entre todos los que la componíamos, la constancia en el desempeño de nuestras obligaciones, y el respeto y consideración que se merecía del pueblo de Buenos Aires y de los extranjeros residentes allí: todas las diferencias de opiniones se concluían amistosamente y quedaba sepultada cualquiera discordia entre todos.

Así estábamos, cuando la ineptitud del general de la expedición del Perú obligó a pasar de la Junta al doctor Castelli para que viniera de representante de ella, a fin de poner remedio al absurdo que habíamos cometido de conferir el mando a aquél, llevados del informe de Saavedra y de que era el comandante del cuerpo de arribeños y es preciso confesar que creíamos que con sólo este título, no habría arribeño que no le siguiese y estuviese con nuestros intereses. Debo decir, aquí, que soy delincuente ante toda la Nación de haber dado mi voto, o prestándome sin tomar el más mínimo conocimiento del sujeto, por que fuera jefe. ¡Qué horrorosas consecuencias trajo esta precipitada elección!

¡En qué profunda ignorancia vivía yo del estado cruel de las provincias interiores! ¡Qué velo cubría mis ojos! El deseo de la libertad e independencia de mi patria, que ya me había hecho cometer otros defectos como dejo escritos, también me hacía pasar por todo, casi sin contar con los medios.

A la salida del doctor Castelli, coincidió la mía, que referiré a continuación hablando de la expedición al Paraguay, expedición que sólo pudo caber en unas cabezas acaloradas que sólo veían su objeto y a quienes nada era difícil, porque no reflexionaban ni tenían conocimientos.

Autobiografía Manuel Belgrano (escrita en 1814)

T.

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