Yo nena, yo princesa

9789876301862

 

En 2011, Gabriela empezó a anotar diálogos y episodios de la transformación de Luana. Inicialmente, esta escritura fue más bien un ejercicio, ya que utilizaba sus apuntes para discutirlos con su psicóloga. Estas notas fueron el borrador para Yo nena, yo princesa. Luana la niña que eligió su propio nombre.

Gabriela espera que su libro pueda ayudar a otras familias que atraviesan situaciones similares. Del mismo modo, busca que su experiencia ayude a que haya menos discriminación hacia los chicos trans y que estos, a su vez, no lleguen a un momento de sufrimiento tal que piensen en el suicidio “a los 20 años”.

 

“Yo le escribí los cuadernos a Luana para darle fuerzas el día de mañana. Para que cuando tuviera diez años los agarrara y viera cuánto la amábamos, cuánto luché para que tomara valor. ya desde muy pequeña Luana, en ese entonces aún Manuel, se identificaba con el género femenino y le decía expresamente que era una nena. La primera psicóloga a la que consultó le dijo que debían responderle que era un nene y que, cuando la vieran con algo “de nena”, se lo quitaran. Mansilla inclusive cerraba su cuarto con llave para que su hijo no tuviera acceso a su ropa, que usaba para vestirse de nena. Otros expertos le dijeron que el deseo de su hijo de ser nena era algo pasajero y que necesitaba más presencia de la figura paterna.

Sin embargo, a los cuatro años, Manuel le dejo en claro a su mamá quién era: “Yo no soy un nene, soy una nena y me llamo Luana y si no me decís Luana, no te voy a contestar”, según relató Mansilla. Para ese momento, la familia venía desde hace dos años asesorándose y buscando especialistas.

Cuando empezó primer grado, la maestra de Luana le contó a la mujer que otros docentes se le acercaron y le preguntaron cómo era la niña trans que tenía en su grado. “Y la maestra les dijo: ‘Fijate, adiviná quién es’. Y no adivinaron. Todos ven una nena. Ella demuestra que es una nena. No hay más que hablar”, señaló Mansilla, quien dijo además que “no hay exposición ni maltrato” para la nena en la escuela, donde ya conocían la historia de Luana.

“Empecé a escribir en 2011, no con la idea de hacer un libro. Primero fue para no olvidarme de los dato, de la edad que tenía, cómo decía lo que decía, los diálogos” dijo y agregó: “Después empecé a escribir lo que yo sentía cuando iba pasando lo que pasaba. Se me hicieron dos cuadernos. Después era una compañía, un desahogo. En lugar de contárselo al psicólogo, lo escribía”.

El libro de Mansilla incluye cartas de familiares y amigos escritas a la niña, una idea que surgió cuando la madre de la mujer y abuela de Luana manifestó su miedo de no poder acompañar a la nena cuando se haga adolescente y deba afrontar momentos que la hagan sufrir. La iniciativa fue anterior a que las anotaciones de Gabriela se convirtieran en libro.

“Mi hermana y mi cuñado están muy enfermos. ¿Y si alguno de ellos falta y ella no sabe cuánto la amaron y cuánto lucharon por ella? Le pedí a cada uno que le escribiera una carta. Las fui abrochando al cuaderno. Y seguí escribiendo y escribiendo”, dijo Mansilla, quien sueña con iniciar una fundación para ayudar a chicos trans y sus familias.

Entre las cartas que hoy se incluyen en el texto también hay una de Viviana, la mamá de la compañerita de jardín de infantes por quien Luana decidió elegir su nombre. Según explicó Mansilla, la mamá de la otra Luana tuvo “una aceptación ciento por ciento”.”Luana es amiga de Luana”, añadió.

“Entonces me convencí de que tenía que publicarlo, con las vivencias de Luana, con sus diálogos, con nuestra experiencia, la experiencia de toda la familia. Cuanto más se hable del tema, cuantos más chicos trans haya, cuanto más natural se haga el tema, mi nena va a tener una vida más tranquila”, dijo y añadió: “¿Cómo llegás a que la gente entienda, abra el corazón, escuche? Si esta es una de las maneras, avancemos, me dije”.

“Yo sé que no la va a pasar bien el día de mañana, por más que le allanemos el camino, por lo menos hasta los 18 años no va a tener el cuerpo que desea. Y va a tener conflictos, alguien la va a despreciar, alguien la va a discriminar, y algo le va a pasar. Estoy segura. Entonces quería dejarle algo”, señaló Mansilla.

Mansilla destaca tres puntos importantes de Yo nena, yo princesa. Primero, las palabras textuales de su hija, sus diálogos y expresiones. En segundo lugar, sus dibujos, de modo que padres y docentes vean cómo se expresa una nena trans: “Si una maestra de jardín de infantes ve que un chico de tres años dibuja durante todo un año muñecas, nenas y princesas rosas (…) algo está pasando”, explicó. Finalmente, el libro incluye información acerca de a quién consultar: “Les estoy tratando de allanar el camino no solo a los chicos trans, sino también a sus familias”, dijo.

La mujer trabaja haciendo y vendiendo empanadas. Vive en el oeste del Conurbano en una casa a medio terminar. El padre de sus hijos abandonó a su familia en medio de la transición de Luana y desde hace más de un año no ve a sus chicos ni pasa cuota alimentaria a Gabriela.

“Hay momentos en que voy para adelante y encaro un tren, y hay momentos en que quiero que la tierra me trague”, afirmó. “Este no es un libro de ficción, es la vida real de mi hija y ahí está el sufrimiento de mi hija. Y en esas 250 páginas una página es la de la entrega del DNI, que es la de la felicidad, pero después son seis años de sufrimiento. Lo leo y lloro. Uno cuando lee un libro se mete en la historia. Pero yo a esa historia la viví”, explicó la mamá de Luana.

Fuente: Infobae

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